teatro a gritos que se acompaña de orquesta para hacer más soportable la representación. La mitad de los que la asisten no oyen o tienen serias dificultades de audición. La otra mitad está tan regalada de su diletante esnobismo que sólo oye un autocomplaciente eco durante toda la obra: “soy la hostia, asisto a la ópera. Cuando se lo cuente a Cuca y a Borja van a flipar”.