Costó, costó demasiado, a pesar del aparente claro resultado. Salió bastante enchufado el Real Madrid, presionando arriba y teniendo una clara ocasión de Benzema tras un disparo al palo del últimamente desaparecido Di María. Sin embargo, el Sevilla en seguida inquietó la portería blanca, gracias a la insistencia de Negredo, la participación de Rakitic y el talento de Kanouté para bajar melones y convertirlos en balones jugados.

Fue una primera parte entretenida que mostró a un Cristiano Ronaldo muy desafortunado en todo: disparos, regates, pases y ocasiones clarísimas falladas. Esperemos que se trate de un bache, porque el portugués es más de medio Madrid. Otro ausente en esta primera parte fue Xabi Alonso, gracias al buen trabajo defensivo de Kanouté. Y si Xabi no aparece, su equipo se resiente. 

Durante gran parte de la segunda mitad el conjunto local pareció jugar con fuego, cediendo el juego al Sevilla. Tampoco se vio excesivamente inquietado por los atacantes sevillistas, que apenas dispusieron de ocasiones, pero el runrún en el estadio no hacía presagiar nada bueno.

Afortunadamente, el mejor jugador del Madrid esta noche fue el cronómetro, que obligó al Sevilla a abrirse. Ya con espacios, el Madrid machacó a la contra en los últimos diez minutos. Primero con un mano a mano bien resuelto por Özil después de un pase de Khedira disfrazado de Xabi Alonso, y el segundo con un buen control y un remate inapelable a quemarropa del debutante Adebayor. Curiosamente los dos asistentes esta noche han sido los dos mediocentros de contención: Khedira y Lass.

En resumen, una victoria merecida, pero sin excesos. Un Madrid demasiado espeso y algo más contenido de lo esperado tras el batacazo de Pamplona. Probablemente el resultado maquille las carencias mostradas hoy en el partido de vuelta de las semifinales de Copa.

El premio: la final del 20 de abril contra el Barcelona. No se me ocurre mejor partido para una final de Copa del Rey. Parece mentira que hayan pasado más de 20 años desde la última. Una oportunidad pintiparada para vengarse del Barça tras las últimas sonrojantes derrotas infligidas por los culés.