Las sombras han empezado a hablar con los cuerpos. Ya no se comunican sólo entre ellas. Ahora también lo hacen con los cuerpos, aunque de forma algo rudimentaria. Han apresado ecos y los usan para reproducir sus sonidos. Como aún no deben haber capturado un numeroso grupo de ecos, sus comunicaciones son simples y hasta toscas. No obstante, estremecen. Se trata de breves amenazas a los cuerpos para que liberen a sus sombras. Se desconoce si realmente son amenazas o simplemente su brusquedad las dota de ese halo perverso. En cualquier caso, los cuerpos que han sido contactados las han percibido como amenazas y han huido despavoridos con su sombra bien asida.

La capacidad de adaptación y el rápido aprendizaje de las sombras inquietan. Nos preguntamos cuál será su próximo objetivo, tras haber empezado a capturar ecos en teatros, mercados y valles. Cada vez resuena con mayor preocupación una pregunta en los cuerpos: ¿qué quieren las sombras? Al tratarse de un tema recurrente entre los cuerpos, las sombras ya disponen de su eco, de tal modo que vagan por las ciudades repitiendo el “¿qué quieren las sombras? ¿qué quieren las sombras?” a modo de agorera admonición, causando el pánico entre sus habitantes.

Los cuerpos sin sombra están empezando a ser tratados como apestados por el resto de cuerpos. Se les considera muertos vivientes, cuerpos caducados sin esperanza alguna, a los que desprecian y temen por igual. Las sombras han detectado rápidamente la exclusión de estos cuerpos y los engañan para que les ayuden a cambio de devolverles su sombra.

Se rumorea que los mercenarios sin sombra, como se les conoce entre los cuerpos, han cometido ataques e intentos de secuestro de sombras todavía pertenecientes a sus cuerpos en lugares alejados y solitarios. Estas noticias sin confirmar han desatado la ira de los cuerpos contra los cuerpos sin sombra, que en algunos lugares han organizado pogromos contra estos últimos, llevándose por delante a unos y a otros en medio de la sanguinaria vorágine.

Las autoridades, desbordadas por la situación, han decretado un censo de cuerpos. Todos deben presentarse a las 9 de la mañana y a las 8 de la tarde en los puntos de control para acreditar que conservan su sombra. En caso contrario, son llevados a campos de internamiento improvisados para cuerpos sin sombra, donde son recluidos hasta que mueren.

Las sombras han empezado a abastecerse de ecos en estos campos, ya que los condenados no recelan de hablar en público como sí hacen los cuerpos en libertad. La consecuencia inmediata es que el silencio se ha apoderado de las ciudades y las poblaciones, por miedo a que los ecos de sus voces sean capturados por las sombras. Además, los ecos capturados en los campos pertenecen a voces desesperadas, lo que dota al lenguaje de las sombras de un aire tenebroso y apocalíptico.

Continuará...