Llegó la segunda derrota del Madrid en Liga en un partido pestoso, de pierna dura y equipo local sobreexcitado. El Real Madrid no hizo nada especialmente mal, ni tampoco especialmente bien.

La alineación de inicio sin Xabi Alonso y con el doble pivote Lass - Khedira anunciaba que hoy tocaba poco fútbol. Y así fue. Cuando el entrenador quiso poner remedio ya era demasiado tarde.

Durante la primera parte el equipo merengue llegó en dos o tres ocasiones con rápidas internadas de Cristiano Ronaldo. Por su parte, el Osasuna sólo inquietó con un remate de cabeza de Pandiani. Del resto poco a explicar: presión asfixiante de unos y otros, escaso fútbol combinativo y algunas gotas de Özil, el único centrocampista iluminado de los visitantes.

Los madridistas entraron mejor en la segunda parte, pero recibieron el gol de Osasuna y, a partir de entonces, tocó remar cuesta arriba. Hubo triple cambio con estreno de Adebayor (apenas aportó nada), entrada de Xabi en el centro (sin él es un páramo el centro del campo blanco) y Kaká, que hace mucho que perdió la tilde de su nombre y lo arrastra jornada a jornada. 

El Osasuna se dedicó a cerrarse en defensa, a perder descaradamente el tiempo y a mandar balones a Aranda, que los aguantó con oficio y calidad. El árbitro cosió a tarjetas el equipo local con muy buen criterio. ¡Por fin un árbitro que castiga a los tramposos!

A las 9 de la noche el Madrid se distancia a 7 puntos del Barça. ¿Distancia insalvable? Con 51 puntos todavía en juego no sería sensato tirar la toalla, pero tal como está el líder, ya no se puede perder ningún punto más. Un nuevo traspié y adiós Liga.