Las sombras son mucho más que simples manchas en la acera, la tierra o la pared. Las sombras se han rebelado y han cobrado vida propia. Algunas han conseguido independizarse por completo de sus cuerpos y otras, tan solo, van y vienen, todavía temerosas de la completa libertad.

Las primeras sombras en emanciparse fueron las de los hijos de puta y las de los imbéciles, hartas de contemplar sus maldades y estupideces, respectivamente. Sin embargo, en seguida mostraron su verdadera naturaleza, malvada e idiota, tras tantos años de contagio.

Se han organizado secretamente, con un orden jerárquico claramente definido y un reparto de funciones perfectamente detallado. Nadie sabe quién manda, qué sombra está en la cúspide, ni cuáles son sus lugartenientes. Su opacidad no es sólo física, también lo es organizativamente. Poco o nada se ha descubierto de su organización. Las sombras que se han intentado infiltrar han sido rápidamente descubiertas y neutralizadas.

Los cuerpos que se han quedado sin sombra no pueden vivir mucho tiempo. No se sabe cuánto, pero sin duda no más allá de un mes. Al tratarse las primeras de hijos de puta e imbéciles, tan ensimismados en sus mezquindades y gilipolleces, no se dieron cuenta de la ausencia; pero al extenderse la rebelión a las personas de bien ha saltado la alarma.

Al desprenderse definitivamente la sombra, el cuerpo está perdido. Por eso es tan importante detectar breves ausencias de tu sombra. Al principio, se trata sólo de un juego, un pequeño viaje iniciático incitado por las sombras totalmente emancipadas que intentan captar el mayor número de adeptas. Son breves instantes de libertad, minutos en los que pueden tomar sus propias decisiones, sin estar limitadas a lo que decidan sus cuerpos. Pueden ir donde quieran y hacer lo que les venga en gana. Es tan excitante la nueva situación que quieren repetir. Cada vez van un poco más lejos, cada vez toman mayores riesgos, cada vez están más tiempo fuera del cuerpo.

Cuando una sombra empieza a flirtear con la libertad, las sombras totalmente emancipadas le regalan los oídos con promesas de libertades jamás conocidas e intentan convencer a las imprudentes neófitas de que se independicen por completo y se incorporen a su organización. Después, una vez totalmente independizadas, las obligan a someterse a los dictados de la organización o, si se niegan, las eliminan. Al ser tan sumisas, rápidamente se adaptan al nuevo amo. El problema radica en que ahora hay un único amo para todas estas sombras emancipadas, cuando antes había tantos como cuerpos diferentes.

No hay forma de eliminar a una sombra sin eliminar su cuerpo. De hecho, la única forma de acabar con una sombra es hacerlo con su cuerpo. Además, esto es sólo posible antes de la emancipación total. Una vez totalmente independizada la sombra, ya no hay forma de eliminarla o, al menos, se desconoce todavía cómo hacerlo.

La única actividad conocida de las sombras emancipadas es captar o eliminar si es preciso a otras sombras. No han mostrado ningún otro interés hasta ahora, aunque el temor creciente a que tengan otras intenciones está empezando a causar pánico entre los cuerpos.

En estos momentos, únicamente estamos a salvo en completa oscuridad, de tal modo que nuestra sombra no pueda proyectarse en ningún lugar, evitando así que pueda escaparse.

Continuará...