Partido de 45 minutos. La primera parte no existió, nadie jugó. Un solitario disparo al palo de N'Sue en una contra del Mallorca y el páramo más absoluto. El césped parecía un erial sobre el que era imposible crear nada. Aunque viendo al agricultor jefe que presentó el Madrid en el centro del campo, Gago, era de esperar. Este jovencito argentino parece más dotado para el tango que para el fútbol. Ese aire nostálgico que transmite haría de él una primera figura en los locales bonaerenses. Porque si hablamos de fútbol, el chico anda algo corto.

Otro que da pena es Kaká, al que se sigue esperando incomprensiblemente. Nunca llegará, se le pasó el arroz, está acabado. Goteará algún gol, nos iluminará fugazmente con alguna de sus elegantes arrancadas, se asociará de vez en cuando con otro atacante en paredes cortas y precisas, pero nada más. El gran Kaká sólo será el del Milan. El del Madrid será un prejubilado de lujo con sonrisa fetén y meteduras de pata como la crítica a su compañero Benzema.

El fútbol apareció en la segunda parte. Tampoco a borbotones, pero algo se pudo ver. Se supo desde antes de empezar este segundo tiempo con los cambios de Gago y Kaká por Xabi Alonso y Özil. La distancia futbolística entre estos dos últimos y los dos a los que sustituyeron es enorme. Xabi, a pesar de su lentitud, da salida al equipo y ensancha el campo con sus pases largos. Özil es un iluminado que baila entre líneas sin pisar a nadie, ofreciéndose a sus compañeros y habilitándolos con sutiles y bellos pases. Mourinho intentó reservarlos para futuras batallas, pero debió recurrir a ellos. En cualquier caso, el técnico portugués sigue demostrando que lee bien los partidos y conoce a sus jugadores.

El gol llegó mediante ese juego de pases cortos entre líneas. En esta ocasión, una asistencia de Granero a Benzema, que se acomoda el balón con un rápido juego de pies y dispara con la izquierda sorprendiendo al portero mallorquinista. A partir de ahí más ocasiones del Madrid, dominio del equipo local y partido sosote, sólo alterado por una última ocasión del Mallorca que salvó un seguro Casillas.

Parece que este Madrid está empezando a sopesar los esfuerzos que le quedan por delante. Ya no va a tumba abierta, con ese ritmo desenfrenado de hace unas jornadas y la enorme intensidad desde el primer hasta el último minuto. ¿Bajón físico, cálculo premeditado, mera suficiencia? Lo veremos en breve. El calendario y la importancia de los partidos va subiendo de temperatura.