Tengo un ñu de mascota. Se llama Señor Ñu. Es hembra, pero prefiero llamarle señor, encaja mejor con su aspecto.

A Señor Ñu me la encontré un día, hará aproximadamente un par de años, en la sierra de Mágina. Se había unido a un rebaño trashumante de ovejas, pero le hacían el vacío. Las ovejas son muy bobas, pero muy putas.

En seguida conectamos. Yo le hablé de los documentales de La 2, de lo peligrosas que me parecían las migraciones, de lo mucho que admiraba a los ñus, a las cebras y a las gacelas de Thompson. Él, bueno, ella me habló que no era para tanto, que el cine y la televisión todo lo magnifican, que había participado en dos de esos rodajes de documentales y todo estaba preparado. Los animales que se zampan los leones y las hienas en las llanuras y los que descuartizan en apenas segundos al cruzar el río los cocodrilos pertenecen todos al sindicato de víctimas del Serengeti, que pacta anualmente con la patronal de depredadores el número de presas. Los elegidos son voluntarios enfermos o viejos, que se sacrifican a cambio de las mejores zonas de pasto para sus familias.

Una vez en casa, se acomodó en el salón, al lado de la ventana de la terraza. En verano pasa largas horas tumbada en el fresco suelo de baldosas y en invierno se acurruca en el sofá, hecha un ovillo y con la manta que ella misma se acomoda con sus pequeños y hábiles cuernos.

Adora National Geographic , el Canal Odisea y ¡cómo no! los reportajes de las tardes de La 2. Es su forma de matar la nostalgia que a veces le aflige. Apenas come, algunas hojas de acelgas y unas judías verdes de vez en cuando. Eso sí, es una fanática del té. No se acuesta sin haber tomado su Earl Grey con leche.

Con las visitas se muestra amable y conversadora. Le gusta escuchar y aprender. Sólo se pone tensa cuando se raja de los vegetarianos, algo muy común en casa. Es lo que tienen estos herbívoros: son muy gremiales.

Es prácticamente autosuficiente. Va al baño sola (incluso tira de la cadena), por lo que no necesita que la pasee. Además, cuando hemos salido a dar una vuelta se ha sentido demasiado observada. La gente es la leche, porque no la miran mal por ser un ñu, sino por ser negra.

Y lo mejor de todo es que siempre que llegas a casa te espera moviendo ese espantoso rabo en forma de plumero loca de contenta, repiqueteando con sus cascos presa de la emoción y babeando abundantemente.

Señor Ñu: una buena amiga, una excelente mascota.