Nacer molusco ya es de por sí una putada, ya que estás abocado a morir cocido en una olla rodeado de congéneres desesperados repiqueteando histéricamente las valvas. Pero el colmo de un molusco es padecer claustrofobia desde el nacimiento.

Berbie nació de madre berberecho y padre mejillón. Su concha era estriada y de color negro con motas grises, que le proporcionaba un aspecto atigrado muy atractivo para hembras y depredadores.

Desde pequeño se mostró extrovertido y juguetón. Sus padres sufrían por él, ya que debían vigilarle constantemente al estar siempre con las dos conchas abiertas de par en par.  Conforme fue creciendo y percibiendo los peligros de su forma de vida, dejó de mostrarse tan exuberante y abierto. No obstante, su carácter se agrió, su alegría desapareció por completo.

Cuando el caballito de mar avisaba de la presencia de depredadores y se ponían todos a cubierto cerrando sus valvas, Berbie sufría lo indecible encerrado en sí mismo. Su defensa se convirtió en su yugo. Mientras permanecía cerrado, completamente a oscuras, padecía temblores y angustia. Sentía miedo a abrirse y morir devorado, pero también le atormentaba permanecer encerrado, atrapado dentro de sus propias conchas.

Intentó buscar cobijo entre los tentáculos de un calamar, pero la pretendida simbiosis no funcionó. Los continuos movimientos de los tentáculos hacían cosquillas a Berbie, que se cerraba brusca y repentinamente como acto reflejo, sumergiéndole de nuevo en su patológica claustrofobia.

Forró la parte interior de sus valvas con algas que producían irisaciones azules que simulaban el entorno marino, provocando una aparente sensación de profundidad. Pero no era suficiente. Necesitaba abrirse, salir de la prisión de su dermatoesqueleto.

Un afortunado día de fuertes corrientes marinas, Berbie estornudó y se vio liberado de repente de sus dos conchas. Al principio se asustó, pero en seguida comenzó a nadar tan rápido que pronto se alejó por completo de cualquier lugar anteriormente explorado. Siguió y siguió nadando hasta desaparecer.

¿Qué fue de Berbie? Probablemente no duró mucho y acabó en la panza de alguna ballena junto a una tonelada de pequeños bichitos. O a lo mejor sigue nadando y nadando feliz, despojado de su fobia y disfrutando de su extraña desnudez.