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Uno de los personajes más atractivos jamás interpretados en la mejor serie rodada en la historia de la televisión, Los Soprano. Aunque bien se podría hablar de cine en lugar de televisión. La calidad de los guiones, las interpretaciones de los actores, el desarrollo y evolución de los personajes, las localizaciones, las escenas de acción y violencia...absolutamente todo lo que rodea a esta serie de seis extraordinarias temporadas es sublime, digna del mejor cine, con el mérito adicional de tratarse de un largometraje de aproximadamente unas 80 horas. En definitiva, un frenesí de serie, que puso en órbita a la cadena norteamericana HBO, creadora de tantas otras buenas series de televisión recientes. Así pues, Los Soprano no sólo es una obra maestra, sino que propició la creación de otras muchas series con el sello transgresor y de calidad de la HBO.

La serie tiene numerosos personajes que aparecen y desaparecen a través de las temporadas, adquiriendo mayor protagonismo o revelando lados ocultos y sorprendentes; pero por encima de todos ellos sobresale nítidamente Tony Soprano, el capo de la familia de New Jersey.

Es un tipo tan encantador, tan envidiable, tan exuberante, que desearías ser él, a pesar de todas sus dobleces, flaquezas e incoherencias. 

Su físico es imponente: un corpachón enorme, grueso y recio. Su rostro duro, poco amable, pero de risa contagiosa y cercana. Su mirada está llena de ira cuando los negocios de la familia están en juego, pero se torna tierna y hasta infantil con sus hijos, mujer, "familia" y amantes.

Representa a un triunfador, que demuestra una astucia inusual en su entorno, y desempeña su cargo de jefe de la familia con aparente mano de hierro ante todos, a pesar de sus recurrentes dudas y crisis de ansiedad.

El poder que ostenta a través de la amenaza, la extorsión y la violencia es increíblemente sugerente. La violencia, dejando de lado sus condicionantes morales, es una arma enormemente eficaz para conseguir cualquier tipo de objetivo. Precisamente por ello la empatía con el personaje de Tony es tan grande. Todos desearíamos tener ese poder de nuestro lado. Todo nos resultaría mucho más sencillo. Todos hemos deseado en muchas ocasiones poder solucionar nuestros problemas, nuestros desencuentros, nuestras diferencias con la violencia. Afortunadamente, no tenemos los medios ni la valentía suficientes para ello.

Además, Tony se mueve en un difícil oficio, lleno de peligros, traiciones, ambiciones y amenazas. Su entorno no le ayuda mucho. Está rodeado de idiotas en su propia familia y en su "otra familia", que le dificultan las cosas sobremanera. Sin embargo, siempre halla el modo de solucionarlo todo, y no todas las veces con el uso de la violencia.

El último y definitivo rasgo que le hace tan adorable es que estamos ante un cínico en mayúsculas, que abomina del divorcio, pero se acuesta con toda mujer que se le cruza por delante; que porfía incesante por mantener a sus hijos fuera del negocio familiar, preocupándose a su vez de mantenerlo lucrativo a cualquier precio; que se declara católico practicante incumpliendo constantemente los diez mandamientos y cometiendo los siete pecados capitales sin rubor alguno.

En definitiva, Tony Soprano es un personaje al que juzgo como un grandísimo hijo de puta, pero un hijo de puta de los míos.