Duelo resuelto demasiado pronto. El Madrid apenas ha necesitado los primeros 20 minutos, en los que ha arrollado a su rival, para sentenciar el partido con dos goles. El primero tras aprovechar la buena presión en campo contrario del equipo, anotado por Ricardo Carvalho. Sintomático que un defensa central se adentre en el área rival a los trece minutos de partido. El Madrid es un equipo ambicioso. Sin duda el mérito es de su entrenador. El segundo tanto llega de falta: lanzamiento desde un costado del área de Ozil que se cuela manso con la aquiescencia del portero atlético. 

Reacción notable del Atlético que se adueña del balón y genera peligro en la portería blanca. Un penalti no señalado a favor del Atlético después de una clara ocasión marca el cambio de tendencia en el partido.

La segunda parte muestra a un Atlético con ganas, pero sin plan; y a un Madrid convencido de su superioridad a la espera de cazar el tercero en un contraataque. Demasiado funcionarial la actuación del equipo merengue. Contenido, seguro de sí mismo, aunque sin la pasión desatada del inicio del partido. Adormece el juego a su antojo, lo controla, lo mece hasta consumirlo por completo, pero pierde interés, se torna aburrido, tranquilo, predecible. Una pena. Se adivinaba un partido intenso, que ha acabado sin más historia que la irrefutable estadística reciente, que desnuda el complejo de inferioridad del equipo colchonero y la suficiencia del equipo blanco.

Lo más destacable de este periodo las dos voleas que se estrellan en sendos palos dibujadas por Higuaín y Forlán. Precioso gesto técnico, ejecutado con precisión y violencia que se estampa contra los límites de la portería.