Victoria aplastante. Un único equipo sobre el campo: dinámico, intenso, afilado, demoledor. 

El Racing de Santander colaboró desde el principio adelantando la línea defensiva, dejando espacio suficiente detrás de ella para los pases al hueco a los veloces delanteros del Madrid. El primero de ellos, un largo desplazamiento de Di María a Higuaín, lo aprovechó éste último para materializar el primero con solvencia.

El segundo llegó en un robo resuelto con rapidez entre Higuaín y Cristiano Ronaldo. El tercero más de lo mismo: transición rápida y culminación perfecta del 7 madridista. A los 30 minutos estaba resuelto el partido de forma aplastante.

Se sucedían las jugadas rápidas y verticales de la línea de ataque blanca. El arsenal atacante de este equipo es descomunal. Juegan con mucha intensidad, presionando continuamente al contrario y parecen no saciarse nunca. Huelen sangre y te matan. A la más mínima señal de debilidad, abusan del contrario y lo machacan.

Al minuto de la reanudación, internada de Di María y asistencia a Ronaldo, que marca con tranquilidad. Poco después llega el quinto, cuarto del delantero portugués, al transformar a la izquierda del portero un claro penalti. Cierra la fiesta Ozil con un bonito quiebro y disparo desde el borde del área.

Aún quedaba media hora más en la que el Racing consiguió el gol del honor gracias a un rebote y el Madrid pudo oxigenar a alguno de sus jugadores dando entrada al segundo batallón: Canales, Pedro León y Benzema, los cambios habituales.

Capítulo aparte merece la actuación de Cristiano Ronaldo. Este jugador no juega al fútbol, boxea. Boxea en un ring enorme de hierba en el que jamás se sienta en ninguno de los rincones. Lo recorre de arriba a abajo, pisando la lona verde con la fuerza y la determinación de Rocky Marciano y la agilidad y el carisma de Muhammad Ali. Encara al contrario de frente, ocultando su cuerpo con astucia y soltando de vez en cuando el puño en forma de disparo demoledor que se estrella en las redes de la portería contraria como si de las costillas de su rival se tratase. Busca el KO en cada combate, no le vale ganar a los puntos. Quiere destruir al rival, aniquilarlo, humillarlo. Jamás contemporiza, siempre busca un golpe más, el golpe definitivo. Es un púgil de los pesos pesados metido a futbolista.